Nohara llegó a mí recomendada por clientes anteriores, tomando el relevo de un proyecto que ya existía con otro nombre pero el mismo concepto: un espacio donde recopilar y vender piezas de mobiliario y decoración de artesanos y diseñadores. Veía el potencial del modelo con claridad. Lo que no veía posible era explotarlo con la identidad visual que tenía entonces.
Ni siquiera el nombre estaba decidido. Dudaba entre varias opciones, y trabajamos juntas hasta quedarnos con Munay: por su sonoridad, su significado y el juego que daba su propia escritura.
Antes de diseñar nada, definimos quién es Munay: artesanal, exclusiva y auténtica, sostenible y transparente, elegante pero directa, con ese punto de imperfección deliberada que trae el wabi sabi.
Se dirige a un público sofisticado, con mucha sensibilidad por lo hecho a mano, y a interioristas y diseñadores que buscan piezas exclusivas.
El logotipo: la palabra MUNAY en una tipografía de líneas contrastadas, con pequeños «twists» orgánicos inspirados en el wabi sabi. La «A» es la protagonista: una silueta que insinúa un pájaro sin llegar a definirlo del todo, dejando espacio a la imaginación.
El tag «artisans & designers» identifica en tres palabras a qué se dedica Munay, el slogan «por manos artesanas» transmite su porqué.
Esa misma «A» se independiza en el isotipo en un sello circular u ovalado, el mismo lenguaje que usaban las piezas de mobiliario antiguas para certificar que eran auténticas y selectas.
Salvia oscuro para la elegancia atemporal. Terracota para la calidez de lo hecho a mano. Lino y beige para un lujo silencioso. Antracita para el contraste.
Un mapa de altimetría. Literalmente, el del pueblo de Nohara. Nos transporta a lo orgánico, a las líneas irregulares, a lo hecho a mano.
Munay relanzó el proyecto con una marca que por fin hablaba de lo que era. Hoy conecta a artesanos y diseñadores con clientes finales, colabora con interioristas, y le ha dado a Nohara un trabajo que puede llevar en remoto, desde su propio pueblo.
